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Nubarrón

 

Nubarrón






Pena, profunda tristeza, hondo pesar y pensar.

La cabeza te camina sola.

Llegó el negro nubarrón.

La sinrazón abruma, la falsedad asquea.

La manipulada, ahora manipuladora, urdiendo la traición

tras un montaje, una obra, un complot,

una mera actuación; tus intrigas.

 

Pena, profunda tristeza, hondo pesar, y pensar

que mi piel se dio cuenta antes que mi cabeza,

me envió signos de irritación y la razón no lo supo traducir,

y el corazón seguía obnubilado, embobado, eso que dicen amor.

Pensaba que veía la luz al final del túnel

pero era una locomotora que te despedaza.

Me has mutilado.

Y llegó el negro nubarrón.

 

Me quede en nuestra rutina,

El té de la mañana, pan con margarina, sacar al gato, pero sin vos.

Continúe con la rutina me quede en la neblina, en otra dimensión.

Yo me quede con él, él con un colibrí, pero sin vos.

Una cola rota marca de memoria de la decepción,

De una frustración, un estigma de vos.

Me quede en la neblina, en otra dimensión, ahora ya no sé quién soy.

Trastocaste mi vida, abriste la herida.

El nubarrón.

 

 

 

Queda morir, ya empiezo a matarme en cámara lenta, otra vez,

el otro se apoderó de mí.

La línea blanca te guía a la salida.

Ya la razón no vale nada, así que enloquecer hasta perecer

yéndome en fundido a negro.

 

Hoy solo puedo llorar de a ratos interruptus,

aparecen fugaces de un instante a otro la lágrima, el llanto,

y no sé por qué, qué lo dispara,

y de la nada se rompe el corazón.

Tu desprecio.

El sinsentido.

Para vos, pan comido.

 

Agrio el sabor de los recuerdos:

qué fue bueno, qué fue lo malo, qué fue real.

Se encapotó en un manto de duda la memoria.

Volvió el nubarrón.

 

La cabeza te camina sola, las tripas te rechinan de angustia.

La sinrazón abruma, la falsedad asquea.

Gente podrida ni siquiera huele su profundo hedor.

Dos veranos: uno de muerte y el otro de abandono.

Solo eso duró, el 13 nos marcó la cancha.

Fallecido, por los golpes infligidos, me siento hoy.

Engañado, estafado.

 

Mi chika dark era una luz,

y toda luz implica una sombra, el nubarrón.

Espinas de terciopelo en el pecho.

El llanto, como la marea, va y viene.

Cada tanto, nudo en la garganta.

Cada tanto, un vacío en la panza.

Cada tanto.

 

Será volver a hibernar cuatro años,

luego asomar la cabeza a ver si el mundo sigue inmundo

y volver a dormir, o mejor,

descansar en paz y nada más.

 

Descartar fantasmas detrás de un monitor es tan fácil.

Sin dar la cara, a la papelera de reciclaje,

como si el recuerdo pesara en bytes y no en sangre.

Ya no hay diálogos, solo naufragios a la deriva;

no navegamos lo digital, nos anclamos a él para que nos ahogue.

El día de la marmota.

 

Pena, profunda tristeza, hondo pesar.

Llegó el nubarrón.

La sinrazón abruma, la falsedad asquea.

La no-empatía abruma, abunda.

Y ya no queda nada más de humanidad.








 






   

















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