Viernes sin fainá Te fuiste, quedaron tus cosas. Cosas pendientes. Se ve que todas las pestes se encarnan en mí. Escapar, salir corriendo del infectado. Me dejaste esperando y preocupado por el gato. Entre tanto... Meditar y meditar, levitar, evitar. Hago lo que sé hacer, ¿y vos? ¿Cómo sos? ¿Realmente lo sabés? Lo que dejaste atrás. Y llegó ese viernes sin fainá. Antes, comer era un ritual de hogar. Ahora, un trámite biológico. Ilógico cómo se dio todo. ¿O no? Qué sé yo, qué poco supe yo. No vi la mascarada. Cansado de una batalla tras otra, solo queda renunciar. Apagar. Desenchufar el respirador mecánico. Eutanasia, una ganancia para el mundo. Una carga menos. Un engendro menos. Menos mal. Y sí, voy a aflojar ahora, podrido del discurso de nunca bajar los brazos... La productividad neoliberal nos empapó hasta el alma, nos hizo perder la calma. Ausencia de luz, estoy en negro. En silencio eterno y sin futuro ni esperanza me quedo. Sin viernes y sin fainá. Olv...
Un Blog que versa sobre poesía fea y otras yerbas literarias a las que me dedico y tal vez algún otro contenido expresivo, explorando otros lenguajes con intenciones comunicativas o no, vaya uno a saber.