Lo que te vuela la cabeza:
Salís a buscar esa droga pasando la escuela de Tartu,
doblas en la esquina del colegio Invisible.
Golpeas la ventana del pelado que siempre está ahí para vigilar y
castigar, a quién camine mal en su barrio.
La dinámica del sentido, conmovido en catarsis.
No es más que;
Yodo, Xenón, pezón y muerte.
Yodo, Xenón, pezón y muerte.
Habitando el mundo entre mundos
sin pertenecer a ninguno,
sin mi lugar en el mundo.
Vivencias en letras sueltas.
Entonces le pegas una seca
y así, la vida es otra cosa;
Janes says!!!
Seamos agua, tomar el canal 54,
matar a la televisión.
En teleenvangelion a la medianoche,
las hermanas del santo prepucio
ya no salen, no salen más.
En el callejón de los sueños crotos
un par de hongos crecieron en flor.
La sociedad colérica que grita mátalo! Mátalo! Y, así barre bajo la
alfombra. La ceniza del tiempo.
El día que murió Mussolini fui feliz aunque no comí perdiz.
Ni conocí a Chaplin.
Pulsión de muerte.
Personalidad de dodecaedro en el fin de los días, la
generación de usar y tirar, de la fragilidad, del copo derretido; nos
dirige a la muerte.
El culto al yogui y la moda de vacuo.
Hipermoderno hiperbólico hipertrófico.
Salís a buscar esa droga, golpeas la ventana;
y un escopetazo te vuela la cabeza.
Sangre y semen al amanecer.
Todo lo que te vuela la cabeza –sí, aparte de aquella escopeta-.
Murder Death Koreatown, 2020.
Prince of Darkness, 1987, John Carpenter.
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