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Agápē:

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El amor es una tempestad inevitable.

Una fuerza de placer y dolor

-pulsión de vida y muerte-.

Es la intranquilidad del deseo.

El sentido del sin sentido de un significante sin significado.

La otredad del extrañamiento inmanejable.

Un padecer sabroso.

Un inconveniente y un riesgo.

Una caída libre.

Una deriva.

La pelea con la lógica.

La suspensión de la razón.

Un relato compartido de papeles intercambiables.

A veces, héroe y a veces villano.

Un brillito trágico en los ojos.

No es felicidad.

Ni bien.

Ni plenitud.

Ni seguridad.

Ni garantías.

Es una trampa, una perturbación en la fuerza.

Una pasión indecisa, indecible, indescifrable.

Ser objeto, tomado, perdido.

Es arder en el desierto

Fragancia a quemado entre las piernas que embriaga.

La justificación de lo injustificado.

Un duende que baila en tus tripas.

Un otro por sobre el yo.

Huida de uno.

Renuncia absoluta al control de ti mismo,

de la vida (si es que eso fuera posible).

Un camino de dolor inflamado.

Un desborde abrumante.

Inaccesibilidad.

Inutilidad indomesticable.

Abandono.

Desquicio.

Entidad trascendental oscura.

Un camino a ciegas.

Un cuarto vacío.

Descender al abismo infinito,

en búsqueda del fondo sin fondo.

Es un arte, una mentira.

Despojo, mutilación, extirpación.

Alegalidad, más allá del bien y del mal.

Arbitrario, aleatorio, descarriado.

Sin rumbo fijo a ningún lugar

y ningún tiempo.

Sin templos ni campos santos.

Sin tregua.

Simplemente, un aterrador vértigo.





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