Momentos de tregua:
Te
vuelvo a creer cada dos días de un año bisiesto.
Y
te vuelvo a amar, succionar.
Amarrarte
a mí corazón, mi cama.
La
razón me dice noo otra vez, la sazón me dice a comer.
Volver
a tu mar, humedecerte por dentro.
Pensé
que ya no te quedaban lágrimas pa' mí.
Juguitos
salobres que bailan en mí lengua.
Momentos
de tregua.
Estúpidos
llenos de certezas y sabios torturados por las dudas, mejor no pensar más;
hablar de tetas y culos, de pijas y bolas. Matar filosofías.
Jugar
a la escondida.
Adivino
un cielo en la penumbra y la oscuridad detrás de tu mirada; ves con solo un
ojo.
¡Ojo!
El único en llamas aquí soy yo ¿o también los demás y serán que no se dan
cuenta?
¿Sera
que si vives en el infierno ya no puedes sentir el calor? El dolor, el sabor,
el mosquito picándote el pito.
La
picana.
Y
el incesto nos unió.
Detrás
del mito estas vos,
Edipo,
Electra.
Querer
matar a tu padre, querer coger a tu madre, o alverre.
Electroshock
–trata de no tragarte la lengua/ni el esperma-.
Detrás
del pito estoy yo, el juez.
El
pez, de vez en vez; que no reconoce el agua.
Palabras
fuertes que no se dicen más -en público-,
ponerte
el tapaboca agujereado para la felatio.
Impúdico.
Y
el amor... dónde está.
Nuestro
amor inmortal solo puede terminar fatal.
Y
dios no me mira,
–maldito
voyeur distraído con su celular- escoptofilia.
Pues
él también soy yo y vos; y tú en tu tutu indiferente a la calle en escombros.
Mercado sobre los hombros de los despojados. Asfixiados no pueden gritar. AAARRRRR!!
Escupiendo
pa’rriba, cae
el gargajo y me lo tomo.
Y
siempre me cago en mí.
Beso
negro.
Necrópolis
de sueños rotos.
Necrofilia
necroromántica.
Noche
de cristal y cuchillos largos, amparados en la bruma.
Me
dejo pa’ después,
mis necesidades básicas y paso a las superfluas.
El
faso va en hojillas amarillas.
-Qué
pesado no te pongas ladilla, dame lumbre.
-Vapai
dale gas.
-Enrolla
el billete y alinea, enrolla el billete y métetelo en el orto.
Aborto
de la naturaleza, me da pereza tu cara tiesa.
No
espero de la vida salir en una pieza y comiendo cerezas, ni tener certezas ni
hacer proezas.
Desde
la cumbre solo resta saltar.
Hundirse
en el fondo del dulce mar.
O
ahogarse con la saliva.











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