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El deseo de amar


El deseo de amar:



Me duermo, en el sopor somnífero del aburrimiento.
Suaves Cisnes celebran mi partida.
Gatos grises garabatean con sus garras
sarpados zarpazos en las sombras.
Infantes congelados en gélidos gestos de alquitrán.
Parados, pétreos, perciben perspicazmente peces pútridos.
Densa bruma danza dantescos pasos perezosos.
La noche arremete con fuerza funesta.
Farsantes de fabulas fantásticas
fundamentan fenómenos falaces.
Las guitarras francas frasean la desesperanza.
Las bellas de labios afilados
embelesan el ambiente ambiguo a mordiscos.
Las palabras se vuelven parábolas y paradojas paraliticas,
metábolas desplazadas a la praxis pragmática
en el preludio del fin.
Delfines enarbolan sin fines de razones radicales.
Anunciando inevitables tiempos tenebrosos
de tormentas tempestuosas.
La turba tartamudea trinos de trompetas.
Cometas caen en cascadas.
Mascaras descascaradas revelan la masacre.
Mefistófeles y el Mesías juegan a la baraja en un paraje.
En juego está la responsabilidad del ultraje.
Las ultrajadas derraman negras lágrimas de sangre.
Gargantas que gritan venganza.
Los errantes vomitan tripas
sobre los hombres de buena voluntad.
La neblina inunda la ciudad.
La cocaína imparte su verdad.
Solo una heroína nos salvara.
Apilados los ojos sollozan el porvenir.
Hacinados los zombis se devoran a sí mismos.
Fantoches furibundos se fifan la fafa.
La flaca de largos cabellos negros y mirada penetrante
enuncia que en esa bolsita está la felicidad.
Andróginos silentes se arrancan
la piel de seda mientras sorben sales del sedimento.
Solo los seres sedientos de pensamientos
encuentran en los sucesos
el deceso del deseo de amar.












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