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Éramos felices

Éramos felices:


“Sin la simetría exacta creo que voy bien, quiero estar contigo pero no quiero.

                                   Azul, Buenos Muchachos


A veces ella es tan no ella.

¿Qué no sé?

La desconozco

o me desconoce.

A veces ella está tan no ella

que me esquiva el descifrarla.

Entender su lenguaje.

El que solíamos hablar.

Entonces, el cascaron que envuelve tu mundo se empieza a resquebrajar.

Dolor como puñal en el alma.

Ambos rotos, ambos extraños.

Elegantemente desprolijos

urdimos nuestro desastre.

Sueño real.

Realidad de ensueño.

Nos volvimos un simple cliché y

era  todo lo contrario.

Exiliados en el tiempo.

Azar y destino incierto.

Y tú, en tu soledad cibernética.

Pero.

Cuando el sol se vaya apagando.

Cuando el verano termine.

Y veas que el otoño se aproxima.

Las hojas de los arboles marchitándose

y muriendo.

Te acordaras de mí.

Cuando el gris vuelva a tu vida.

Te acordaras de mí.

Pero yo ya no estaré ahí.

Ni allí, ni acá, ni allá.

Sino más allá, un poco más

allá, un poco más lejos.

Un poco más abajo.

Y un poco más viejo.

O un poco más muerto.

Languideciendo.

Añorando cuando nos comían

las pulgas y éramos felices.









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